El aceite de argán se extrae del fruto del árbol Argania spinosa, que crece a lo largo de todo el sudeste de Marruecos. Estos son similares a las aceitunas, más grandes y redondos. Dentro se encuentra una nuez muy dura que encierra hasta tres semillas de las que se extrae el aceite. Se utiliza para uso alimentario y cosmético. La diferencia es que para su uso cosmético no se tuestan las nueces.

El argán cosmético

La obtención del aceite de argán cosmético se hace por prensada en frío de la nuez de argán y se sigue haciendo de manera artesanal (se necesitan alrededor de 100 kg de frutos para la obtención de 1 L de aceite). Sus excelentes propiedades  han hecho que se le llame comúnmente el oro líquido de Marruecos. Tiene la más alta concentración natural de ácidos grasos esenciales de todos los aceites vegetales, lo que lo convierte en el cosmético con mayor capacidad de nutrir la piel y el cabello:

  • Hasta un 80% de ácidos grasos esenciales: oleico (45%), linoleico (35%), alfa y gamma-linolénico y araquidónico. Estos ácidos grasos llamados “esenciales” no los puede sintetizar nuestro organismo pero los necesita para formar los fosfolípidos de las membranas celulares, que son los que confieren la elasticidad de la piel.
  • Tocoferol o vitamina E (unos 700mg/kg), potente antioxidante natural.
  • Polifenoles: antiinflamatorios y antioxidantes. El ácido ferúlico es el que se encuentra en mayor proporción, el cual favorece la circulación sanguínea, aumentando la oxigenación celular, y neutralizando radicales libres.
  • Fitosteroles (delta-7-esteroles), inhibidores de la enzima 5-alfa –reductasa, responsable en muchos casos de acné y alopecia.
  • Escualeno (320 mg/L): lípido que veréis en la composición de muchos cosméticos, pues tiene una estructura muy similar a los de nuestra piel. Se une a la membrana celular, facilitando la absorción de activos y la eliminación de toxinas.
  • Lupeol: aumenta la formación de queranocitos, células productoras de la queratina de cabello, piel y uñas.

Una solución para todo

  • Para piel seca y desvitalizada: restaura el manto hidro-lipídico de la piel reconstituyendo la capa basal de la epidermis, ayudando a la formación de nuevas células y evitando la deshidratación y por tanto, el envejecimiento prematuro. Se puede utilizar puro, directamente sobre la piel, como el de Biofloralen cremas de tratamiento como la Crema Revitalizante Alma de Argán de Amapola Biocosmetics o la Crema Renovadora Antioxidante de Naobay.

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  • Para cicatrices y marcas en la piel, al tener un gran poder regenerador.
  • En dermatitis atópica, para espaciar los brotes y tratar los eccemas . Para las placas de psoriasis es genial el bálsamo Caricia de Karité de Amapola Biocosmetics, con aceite de argán y de incienso además de la manteca de karité.
  • Para pieles sometidas a tratamientos de radioterapia, por la ausencia de excipientes y conservantes.
  • Para el cabello: fortalece y protege la fibra capilar, devolviéndole su brillo natural. Se puede aplicar a diario como tratamiento de puntas sin aclarado o a modo de mascarilla (una vez cada 15 días)  por la noche  y lavarlo a la mañana siguiente. Con el champú y el acondicionador renovador de brillo de Logona y su aceite capilar reparador , con una mezcla extraordinaria de aceites además del de argán, el cabello recupera toda su vitalidad y brillo.
  • Equilibrante del cuero cabelludo: por los efectos antioxidantes y antiiflamatorios del ácido ferúlico y disminuye la caída del cabello por la acción de los fitosteroles (inhibidores de la enzima 5-alfa-reductasa).
  • Para uñas frágiles y quebradizas. Por su contenido en lupeol, que estimula la producción de queratina.

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 Su importancia ecológica y socio-cultural

Es una especie de gran valor tanto ecológico como económico y sociocultural. Contribuye a frenar la desertificación del Sáhara, por su capacidad para atrapar la humedad atmosférica nocturna, almacenar el agua y devolverla al subsuelo. Su explotación da trabajo a pequeñas cooperativas de mujeres que muchas veces son las que sustentan la unidad familiar.

A pesar de ser declarado Patrimonio Universal por la UNESCO en 1998, cada año se estima que se pierden unas 600 hectáreas de éste árbol, por muchos y variados factores: la sobrexplotación, la tala por escasez de recursos, el urbanismo y la incorporación de cultivos intensivos que desequilibran su ecosistema.

Y un último detalle: es importante que su procedencia sea de cultivos controlados pues las semillas vendidas a granel en los mercados pueden proceder de frutos previamente ingeridos por las cabras. Antiguamente era una forma bastante cómoda de recolectar los frutos para los pastores por lo que no es extraño que se siga manteniendo esta forma de “recolección”. Por lo que si os animáis a usarlo mejor que sea puro y certificado.

¿Te animas a probar este regalo de la Naturaleza?